24 enero 2015

La Palabra Prohibida


Prefacio

Show in English
En vista del éxito obtenido en el artículo escrito por Rubén Pérez Cardona (hablamos de más de 3000 lecturas). Hoy, justo un año después de la publicación de dicho artículo, pasamos a publicar a petición de RET la "segunda parte" del artículo en el cual se da respuesta a muchas preguntas ofrecidas por los lectores. 
A título personal queremos dar las gracias a Rubén por ofrecer DE FORMA DESINTERESADA estas necesarias palabras, que seguro serán de mucha utilidad para trombonistas, músicos de cualquier índole o como leerán más adelante para cualquier otra persona que sufra esta dolencia.

La Palabra Prohibida

Cuando escribí el primer artículo titulado (no por mí) “Reflexiones de un trombonista” nunca esperé que tanta gente se pusiera en contacto conmigo para decirme que les había gustado y que se sentían identificados con él. Siendo totalmente sincero, fantaseé con que tuviera éxito, pero no lo esperaba. Creo que muchas de las cosas artístico-culturales que se hacen, son con la intención de mostrarlas, si no, facebook no tendría tanto éxito.

He tenido sentimientos contradictorios cuando la gente empezó a contactarme por el artículo. En primer lugar sentí la ebullición típica de la vanidad cuando algo que haces se ve recompensado y, en segundo lugar, sentí tristeza al ver que tanta gente está sufriendo en silencio y (lo que es peor) con vergüenza el problema de la esa palabra que tanto miedo da pronunciar .

En esta ocasión, no sólo voy a escribir este artículo por petición de la RET sino también de aquella gente que me ha contactado con la esperanza de que les pudiese ayudar y que por motivos de distancia no pude ofrecerles lo que buscaban. Al parecer existe un sentimiento colectivo entre la gente que ha leído el artículo sobre la palabra prohibida. El sentimiento al que hago referencia es el de curiosidad sobre cómo superé el problema. Una curiosidad sobre qué método o sistema utilicé para salir de aquel atolladero. Ejercicios, mecanismos…todo.

Al igual que el anterior artículo, éste empieza con una anécdota que aparentemente no tiene nada que ver, pero que resultó ser el detonante de lo que viene a continuación:

Estando en la cena de Nochevieja en casa de unos amigos, durante el espacio que hay entre los más que abundantes entrantes y el plato principal, vi que mi amigo se encendía un cigarrillo. Atónito puesto que llevaba meses sin fumar, le pregunté que si había vuelto al mundo de los fumadores. Su contestación fue contundente e inesperada –“Uno nunca deja de ser fumador”.

Aquella frase me hizo viajar unos meses atrás en el tiempo, a una sesión cotidiana de estudio.

Hace años que terminé los estudios oficiales y, por suerte o por desgracia, la vida me ha dado una de cal y otra de arena a nivel laboral. Tanto en épocas en las que tenía mucha actividad orquestal como en otras que no, el factor común fue la sensación de tener que ir avanzando por mi cuenta, para no quedarte estancado. Empecé a trabajar una obra contemporánea que siempre he querido tocar pero nunca me había atrevido por su extrema dificultad. Se trata del “Concerto Breve” de Juan José Colomer. Seguro que muchos trombonistas que lean este artículo habrán oído hablar de él o lo habrán tocado. Es diabólico; con registros que van desde el Mi contra pedal hasta el registro más agudo. La obra empieza con una breve introducción rítmica que concluye con un mi contra-pedal en FFF. Descubrí atónito que, la primera vez que intenté tocar la susodicha nota, el airé se me quedó dentro de los pulmones y fui incapaz de expulsarlo. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y, por una milésima de segundo, fantasmas del pasado volvieron a mí al recordar mi etapa como “Distónico”. En pocos segundos recobré la sensatez y supe cómo abordar la situación. Me di cuenta inmediatamente de que el motivo de que no pudiese expulsar el aire en esa determinada nota fue la inseguridad causada por la falta del control del registro. Esa falta de control hizo que intentara posicionar la embocadura de una forma anormal para conseguir que se produjera el sonido, lo que me llevó más tiempo para colocarla y, por ende, al bloqueo. Para que la sensación no se repitiera, tuve que asumir que la prioridad (más allá que conseguir que sonara) era que el ritmo de la respiración no se viera alterado. Soltar el aire después de respirar con su debida anacrusa. Y así conseguí solucionar el pasaje. Lo trabajé de tal forma que el aire no se podía detener aun sabiendo que en muchas ocasiones la nota corría el riesgo de no producirse. Este método me costó mucho más tiempo, pero he conseguido una mayor solidez en el pasaje, puesto que el pilar central se basa en el control de la columna de aire. 

El control sobre uno mismo. El control del ritmo interno.

Me acuerdo de la afirmación de mi amigo “uno nunca deja de ser fumador”…es una condena, y además es falsa. Si esto fuera cierto, la superación sería un mito. Cuando uno ha superado algo, es porque ha adquirido las herramientas para hacerlo y esto nos hace inmensamente fuertes. Lo que conseguimos no es la desaparición de problemas, dudas o contratiempos…lo que conseguimos es afrontarlos con el bagaje que nos hemos procurado.

Ojalá hace 12 años hubiese tenido los recursos que tengo ahora pero, siendo sensato, los recursos que tengo ahora los tengo porque hace 12 años pasé lo que pasé. Mucha gente me ha preguntado cómo superé el problema pero muy poca me ha preguntado cómo empecé a trabajarlo. Cómo enderecé el timón hacia la superación. Podría decir que es difícil discernir esa línea, pero la verdad es que puedo recordar un punto clave en mi historia. Este punto se ubica en un curso de verano del año 2002 al que llegué en pleno apogeo de mi “dolencia”. Estaba empezando a montar por aquella época Konzertino de “David”, ese calvario que tantos trombonistas tenemos que sufrir a diario.

Enderezando el timón a la superación

Como es común, sentí los nervios previos cuando vas a empezar a tocar para un profesor que no conoces. Me planté delante del atril y, en el silencio que transcurre entre que el profesor te da su permiso para que empieces a tocar y el momento que empiezas a respirar, sentí como el corazón me golpeaba el pecho violentamente. Cogí tanto aire como pude y en el momento en el que intenté expulsarlo, esa sensación de vértigo tan típica del que ha perdido el control de sí mismo me invadió. Me quedé petrificado y ningún sonido salió por la campana. Todo el cuerpo me temblaba e intenté solucionar el problema con sendos intentos de emitir la primera nota con el único resultado de un “pedo” musical más que un sonido. El profesor parecía tranquilo y poco sorprendido. Frustrado, solté el trombón y me quedé mirándolo con cara de desconsuelo a lo que, tras un suspiro, me indicó que le dijera qué anacrusa de respiración estaba cogiendo para empezar a tocar. Me quedé atónito ante la pregunta y no respondí, mirando fijamente la partitura con una evidente mueca de desconcierto. El profesor me volvió a pedir que le explicara en qué anacrusa pensaba para respirar y que se lo indicara solfeando con el brazo. Perplejo, me puse a solfear el 4/4 y (según creo recordar), empecé a respirar a eso de entre el segundo y tercer tiempo y luego empecé a cantar el inicio del concierto tímidamente. Aquél hombre me interrumpió para decirme que no quería que cantara, sino que respirara con una anacrusa de negra y soplara con la articulación “TA”. Y así estuve durante muchos minutos de la clase, solfeando como un niño de diez años y soplando. No puedo explicar la humillación que sentía en aquellos momentos. Seguidamente, cuando estuvo satisfecho de mi “soplo” me dijo que cogiera la boquilla. Pensé que era una broma. Me pidió que a continuación hiciera lo mismo pero con la boquilla, 1-2-3 respirar y “TA”. Y repetí, y repetí y repetí. En esos momentos tenía ganas de llorar. No podía creerme que un profesor pudiese torturarme de aquella forma.

Cuando aparentemente se cansó de verme sufrir soplándole a la boquilla, me dijo que era hora de hacerla vibrar. El procedimiento iba a ser el mismo, ritmo, anacrusa y TA. Esta vez habría vibración…pero sin pensar en ninguna nota en concreto, simplemente me dijo que mantuviese mi concentración en el Ritmo de la respiración y la articulación. Sorprendentemente, algo hizo “Click” y por primera vez en mucho tiempo fui capaz de emitir una nota (aunque fuera con la boquilla). Muy bien (pensé), pero aún queda el gran abismo de empezar con el trombón y, francamente, no tenía muy buenas expectativas. Después de esto y justo cuando creía que había llegado el momento de tocar el trombón por fin, me dijo que íbamos a cantar. Mi paciencia estaba tocando a su fin, pero decidí aguantar y averiguar a dónde llevaba todo aquel asunto. Hice lo que me pidió, y canté (con ritmo y articulación “TA”) el primer Mib del David. La cara que puso el profesor fue todo un poema. No le culpo, no podría haber estado más desafinada. Me dijo de una forma muy contundente que si no mejoraba mi entonación nunca superaría el problema (en esos momentos lo que pasaba por mi cabeza era “qué c*** tiene que ver cantar con tocar el p*** trombón”). Me dio la referencia correcta del Mib y, después de varios intentos, encontré la entonación correcta. Estuve repitiendo “el cante” durante unos minutos que a mí me parecieron eternos. Llegado un punto en el que mi rabia me consumía por dentro, me dijo que ya era suficiente. Yo rezaba para que aquel calvario terminara cuanto antes para salir de allí y tirar el trombón por un barranco. Me dijo que cogiera de nuevo la boquilla y pensé me que iba a pedir otra vez soplar pero no, me pidió que hiciera el ejercicio de vibrar (con ritmo anacrúsico y articulación iguales) pero ahora entonando el Mi b también. Aquello me llevó mucho más que 10 minutos, estoy seguro. Los momentos en que la “retención” asomaba el profesor me ayudaba dándome el ritmo con chasquidos de sus dedos. Al final lo conseguí y para demostrarme a mí mismo que no era una cuestión de casualidad, el profesor me pidió que hiciese el mismo proceso repetidas veces.

Finalmente, llegó el fatídico momento en que tuve que tocar el trombón. Me dijo, simple y llanamente, “toca el primer Mib, eso sí, pensado en el ritmo y la anacrusa correcta”. Al igual que en los ejercicios anteriores, el primer intento fue fallido. Intenté volver a tocar pero él me interrumpió y me dijo que había que repetir todo el proceso… Quería estamparle el trombón en la cabeza.

No sé exactamente cuántos intentos me llevó, pero finalmente lo conseguí.

Se obró el milagro

No puedo explicar la sensación de euforia que me invadió al poder, por primera vez en muchos meses, tocar una nota sin que perdiese el control de mi embocadura y, lo que es más, sin que se produjera ninguna pifia ni vómito musical. Aquel Mib salió libre y puro como el agua del monte que fluye por el riachuelo. Sentí por primera vez en mucho tiempo la sensación de haberme liberado de unos grilletes que me estaban asfixiando el alma. Al ver mi cara, me miró con rostro serio y las palabras que dijo no las olvidaré jamás.

“…Rubén, tienes un periodo por delante muy duro y debes de tomar una decisión importante. Hacer las cosas bien o dejar de tocar el trombón, porque seguir sufriendo así no tendría sentido. No creas que porque hayas conseguido tocar el primer Mib está el tema resuelto. Te quedan meses y meses de reeducarte con buenos hábitos para solucionar el problema de raíz. Cosas básicas de técnica que crees tener aprendidas por tus muchos años de estudio del trombón… (mecanismos de respiración para dominar la columna de aire, muchísimos ejercicios de cantar para mejorar la entonación interna …) va a ser duro, pero no imposible…”

Y desde luego no fue nada fácil. Como la memoria es selectiva, casi me había engañado a mi mismo en cuanto al tiempo que me costó superar el problema. Mientras escribo este artículo y en mi continua documentación sobre el tema, me han invadido recuerdos que creía olvidados y que me confirman que el proceso de recuperación fue mucho más largo de lo que recordaba.

Fue un periodo de idas y venidas constantes. Había mañanas en las que, después de trabajar los mecanismos aprendidos en el curso, todo empezaba a fluir y por ende creía que el problema ya estaba solucionado. Otras mañanas me levantaba y no daba pie con bola, lo cual me desanimaba hasta el punto de pensar que mi carrera musical se iba acabar. Otros días, cual efecto de cuando uno se acaba de leer un libro de autoayuda, pensaba que si me enfrentaba al estudio con la total determinación y confianza en mí mismo de que todo iba a ir bien, todo iría bien. Había veces en las que el problema había desaparecido aparentemente y, para mi sorpresa, sólo se daba en un determinado registro o notas. También había ocasiones en las que, por ejemplo, si estaba tocando con la orquesta del conservatorio y era el director el que me daba la entrada podía emitir sin problema. Hubo temporadas en las que creía haber solucionado el problema apretando el transpositor simultáneamente a la emisión de la nota e incluso, dando un pisotón en el suelo cuando me disponía a empezar a tocar. Otra temporada estuve emitiendo las primeras notas sólo soplando sin utilizar la lengua. Parches ante un problema que sin duda volvía a aparecer y de forma más cruda, lo cual me obligaba a volver con los ejercicios de respiración y rítmicos.

Reeducándome

En cualquier caso, mi estado emocional para con el trombón durante estos días dependía de cómo emitía esa primera nota, lo cual ahora me parece una auténtica barbaridad.

Viendo con perspectiva los años que siguieron a aquél curso de verano, me doy cuenta de que el problema no desapareció sin más sino que se fue diluyendo lentamente a costa de perseverar en la reeducación de la que aquél profesor me había hablado. Por supuesto, no pude hacerlo solo, tuve que superar el abismo de confiar en alguien que sabía, o para ser completamente sincero, intuía que sabría ayudarme.

Hoy, mientras estoy sentado frente al ordenador, soy más consciente que nunca de que si no tuviera muy en cuenta todo lo que he ido aprendiendo estos años, fácilmente podría volver a desarrollar distonía.

Hay una frase que leí que dice que hay una gran diferencia entre saber el nombre de algo y saber sobre algo. El hecho de que una vez fui distónico me ha llevado a ahondar en el tema y documentarme constantemente. Curiosamente, las fuentes no siempre han estado tan claras. Hay información de todo tipo, la mayoría de las veces tremendamente dramatizada y en muchas ocasiones contradictorias al compararlas…En los últimos meses he podido acceder a material con una base científica indiscutible y el acontecimiento más importante: he conocido a un auténtico experto en el tema, sin lugar a dudas, el doctor Joaquín Farias

Joaquín Farias es doctor en Biomecánica, especialista en rehabilitación neuropsicológica de distonías, ergónomo, psico-sociólogo, músico y maestro.

Llevo muchos años buscando respuestas, empezando por la propia definición de Distonía Focal.

Según el doctor Farias:
“…la distonía focal del músico es un trastorno del movimiento caracterizado por una pérdida del control motor voluntario en movimientos muy asimilados…” 
(Fuente: Entrenamiento y neuroplasticidad. Rehabilitación de distonías, un nuevo enfoque. Joaquin Farias )

“…Se trata de una respuesta disfuncional a un determinado estímulo. Como una amnesia selectiva de determinados movimientos o acciones que antes se realizaban con normalidad…”
(Intervención del doctor en el programa Casa Club de Canal +)

La explicación

Entonces, resulta que la distonía focal se da cuando pierdes el control sobre ti mismo en movimientos o acciones que antes hacías correctamente o, al menos, no causaba bloqueos o espasmos al hacerlas. Esto ya de por si responde a muchas cuestiones que yo me planteaba, como por ejemplo, si lo que yo sufrí fue distonía. Si, rotundamente sí. Ahora puedo desbloquear esa palabra maldita y decirla sin tapujos ni miedos. Fui distónico.

La siguiente pregunta que siempre he querido resolver es, ¿Puede cualquier músico sufrir distonía? Pues parece ser que no sólo cualquier músico sino cualquier persona: jugadores de golf, de pin-pon, corredores de fondo, guitarristas, violonchelistas, cantantes, cirujanos, trombonistas, amas de casa, un sacerdote…

¿Cómo es posible? La respuesta está en una habilidad que tenemos llamada “neuroplasticidad”. Esta palabra tan enrevesada simplemente significa que nuestras neuronas y circuitos neuronales tienen la capacidad de ir modificándose y crear nuevas conexiones y circuitos. Se trata de nuestra capacidad para aprender y adaptarnos a las situaciones, la propia capacidad de crecimiento del ser humano.

Como comenta el doctor, nuestro cerebro va creando nuevas conexiones neuronales a medida que vamos aprendiendo cosas nuevas y las almacena. Es más, nuestro cerebro tiene un modo de funcionar al estilo “Modo ahorro”, como nuestros teléfonos móviles.

El cerebro tiende a mecanizar o automatizar ciertos movimientos cotidianos para ahorrar energía y hacernos la vida más fácil. Cambiar de marchas, caminar, cepillarnos los dientes, mover la cucharita del café, teclear con los dedos pulgares un mensaje en nuestro Smartphone...Y en el ámbito musical, ¿cuántos de estos movimientos se podrían considerar casi automáticos? Escalas, arpegios, intervalos…horas y horas de movimientos repetitivos que acabamos haciendo casi sin pensar porque nuestro cerebro pasa a estar en modo “stand-by”. Por el contrario, el modo aprendizaje o concentración de nuestro cerebro consume una gran cantidad de energía y según vamos haciéndonos mayores su capacidad de mantener esa concentración va disminuyendo. Tiene menos plasticidad. Creo que esto es algo a tener en cuenta.

¿Cómo surgen entonces las distonías focales?

Es un error al interpretar información a cerca de ciertos movimientos que se han venido haciendo desde hace mucho tiempo. Ésto es importante aclararlo: las distonías sólo las puede sufrir alguien que lleva mucho tiempo realizando determinada acción o movimiento, no se puede considerar distonía un problema al practicar algo que se está aprendiendo recientemente…. Por ejemplo, un jugador de golf profesional que antes acertaba 80 de 100 hoyos y de repente su promedio baja a 10 de 100, es muy probable que sufra distonía focal. Un trombonista que nunca haya tenido problemas para emitir notas y pasa a no poder hacerlo, probablemente esté sufriendo distonía. Un pianista que su mano derecha antes hacía escalas en semicorcheas a 200 y ahora se atranca porque no puede controlar su mano, eso, probablemente es distonía.

Según el doctor Farias, todo empieza por una sensación de incomodidad. Esta sensación de incomodidad nos lleva a pensar que estamos haciendo mal determinado movimiento (que en muchas ocasiones no es el movimiento el que está mal sino nuestra percepción del mismo) y, por ende, intentamos corregirlo. A este movimiento de corrección se le llama compensación. Estos movimientos de compensación son los que derivan o crean las tensiones que, acentuándose, llevan a los bloqueos, temblores o espasmos.

A continuación, un ejemplo: 

Es el caso de una niña que sufría el llamado “calambre del escritor”. Intentaba escribir una frase y su letra se volvía por momentos exageradamente grande e irregular. Había un detalle que llamaba especialmente la atención. Era completamente incapaz de escribir letras que conllevaran un trazo recto descendente (j, l, f,g…) Ante esto, el doctor Farias averiguó cosas sobre su pasado. La niña en cuestión, a muy temprana edad ya mostraba una inteligencia superior a la media de su clase. A los 5 años dominaba la escritura y la profesora creyó conveniente reforzar la caligrafía con secuencias en las que dibujaba repetidamente una misma letra. Esto es, una página entera con la letra a, otra con la letra b, y así sucesivamente. Por el motivo que sea, la niña se encariñó de la letra “s” y no paraba de escribirla todo el tiempo. Aquí fue donde se generó el error. La niña, al final del curso escolar, empezó a tener problemas para escribir. El problema se agravó tanto que, entrada en la adolescencia, tenía que escribir con la derecha sujetándola al mismo tiempo con la mano izquierda.
(Entrenamiento y neuroplasticidad. Rehabilitación de distonías, un nuevo enfoque. Joaquin Farias).

Nuestro cerebro es tan poderoso, que un movimiento automatizado como en este caso la escritura de la letra "s" durante mucho tiempo, produce una respuesta rígida cuando intenta trazar algo que no conlleve el redondeo de la "s".

El cerebro actúa casi en contra de la voluntad de uno mismo en estos casos. ¿Puede ser esto una respuesta al origen de lo que nos pasa a los músicos? Estoy convencido de que sí. He creído conveniente exponer este ejemplo porque refleja sin duda algo que se da en los músicos: movimientos repetitivos durante mucho tiempo.

Y vamos con la tercera pregunta:

¿es una enfermedad la distonía?

NO. No están enfermos. Es simplemente un error de interpretación de nuestro cerebro y además, totalmente reversible.

Lo que me lleva a plantear, ¿Es de origen psicológico o neurológico? Ni una cosa, ni otra. La dos a la vez. No se puede dividir la mente en dos de esa forma, todo es lo mismo. Se habla de un trastorno bio-mecánico con un evidente componente emocional o psico-social.

¿Tuve yo la culpa de lo que me pasó? Sí y no. Está claro que mis acciones, de una forma más directa u otra, me llevaron a sufrir la distonía. No creo que se llegue a padecerla por hacer las cosas mal, sino por falta de información y rutinas sanas de estudio.

Según decía Einstein:
 -"la locura es repetir una y otra vez la misma cosa esperando resultados distintos".

Esta frase hay que analizarla bien, porque los músicos necesitamos repetir las cosas muchas veces para llegar a controlar bien nuestro instrumento. Pero con un límite que debería estar muy claro: hay una línea muy estrecha entre las repeticiones que nos llevan a mejorar y las repeticiones de forma automática. Una línea muy fina entre el trabajo responsable y diario y la obsesión.

Por supuesto que tenemos ciertos límites de aprendizaje (plasticidad) y que, la mejor forma de avanzar es ir trabajando sobre cosas distintas. He conocido de cerca muchos casos de estudiantes que se pasan un curso entero tocando la misma obra, ejercicio, estudios determinados y esperan que algo suceda. El hecho es que llegado cierto punto, es imposible rebasar nuestras propias capacidades en un determinado momento (hemos sembrado bien, pero la cosecha necesita su tiempo).

Las sensaciones

Los que estéis pasando por el proceso de recuperación de la distonía debéis saber una cosa. Hay distintas fases emocionales por las que se suele pasar: la primera, el pensamiento de que es imposible recuperarse. Sí es posible; otra muy habitual después de empezar es que, cuando se hacen los primeros ejercicios, se sienta una enorme sensación de incomodidad que puede llevar a pensar que se están haciendo las cosas mal, y por ende, puede dar lugar a sentimientos de culpabilidad y rabia hacia uno mismo.

No os dejéis llevar por estos pensamientos, son normales. También es normal pensar en quedarse como uno está para no empeorar las cosas, lo cual, sólo puede llevar a empeorarlas en sí mismo. Es posible que algunos lo intentárais hace tiempo y no funcionara, lo que no significa que lo intentéis ahora y tampoco funcione. El reeducar al cerebro produce ansiedad, por lo que tenéis que estar preparados para esto.

Otros, generalmente los perfeccionistas, suelen pensar que si no van a hacerlo bien a la primera prefieren no intentarlo…craso error. Se debe intentar, y muchas veces además.

Lo más importante

Lo más importante para mí, porque significa dar el primer paso de verdad, es admitir que no estoy enfermo, pero tengo un problema. No pasa nada, no es un crimen. Todos, absolutamente todos estamos expuestos y me atrevería a decir que un número elevadísimo de músicos (por no salirnos del gremio) la hemos sufrido o la sufren. El desconocimiento, el letargo, el miedo, esconde muy a menudo “la palabra prohibida”, pero no por ello deja de existir.

¿Tengo menos talento que alguien que no haya sufrido distonía? No, no y no. Y no se trata de una opinión sino de una constatación científica. El hecho de sufrir distonía focal está íntimamente ligado a la extrema plasticidad, es decir, a la gran capacidad de aprendizaje y almacenamiento de información. Por tanto, y aunque no se diga en voz alta, no somos ni hemos sido inferiores a nadie. Hemos sufrido distonía porque somos personas y porque, como cualquier persona, nos encontramos con dificultades en el camino.

Estas dificultades son oportunidades para crecer y no para rendirse. Va a ser duro, pero no imposible. Os sentiréis abatidos en ocasiones, pero podéis elegir seguir adelante. Sentiréis que hacéis el ridículo, pero solo porque os veis en el espejo de los prejuicios.

Reeducar la mente es, quizás, el trabajo más duro y enriquecedor al que alguien se pueda enfrentar, y os animo a iniciar el camino.

Si a mí, en los momentos más duros del proceso, me hubieran dicho que en mi carrera iba a tocar con orquestas, solistas y directores de talla internacional, que iba a tener las experiencias musicales más plenas y sobre todo, que me iba a sentir trombonista, con todas las letras y de la cabeza a los pies, sin duda, me hubiese reído del que me lo hubiese contado. Nunca sabemos a dónde podemos llegar. Evidentemente, es muy probable que no podamos recorrer este camino solos. Hay que buscar la compañía de un buen maestro, y no os equivoquéis; un buen maestro no es aquél que tiene más prestigio, sino el que te ofrece sus conocimientos de la forma más sensata y honesta posible. Un buen maestro no es aquél que se vanagloria de los importantísimos conciertos que hace, sino el que te hace disfrutar de los tuyos. Un buen maestro no es aquél que te dice qué hacer, sino el que te muestra el camino del autodescubrimiento.

Un buen maestro es Carlos Gil Ferrer, y esta es mi forma de decirte gracias por el mayor regalo que se le puede hacer a un alumno.

La Honestidad.

©2015-01-15.Rubén Pérez Cardona. Todos los derechos reservados


Bibliografía:
Contactar con Rubén
Entrenamiento y Neuroplasticidad. Rehabilitación de distonías, un nuevo enfoque.
Joaquín Farias, Ph. D
Linkcografía:





ENGLISH

When I wrote the first article titled (not by me) "Reflections of a trombonist" I never thought that so many people would contact me to tell me that they liked it so much and that they had many of the same feelings that I expressed in the article. If I am completely honest, I fantasized over the idea that it would be successful, but deep down didn't believe it would. I think many artistic-cultural things that one does are done with the idea to demonstrate them, if not, facebook would not be as successful as it is.

I had contradictory feelings when people started to contact me about the article. Firstly I felt that typical rising feeling of vanity when one does something and one receives positive feedback and secondly a felt sad that so many people are suffering in silence and (which is far worse) embarrassed about the problem of this word that causes so much fear before even uttering it.

On this occasion, I'm not only going to write this article by petition from the RET but also for those people that have contacted me in the hope that I can help them and because of motives of distance I could not offer them what they are looking for. It would seem that many people that have read the article about the forbidden word have many similar feelings. The feeling that I am making reference to is the curiosity over how to overcome the problem. A curiosity about what method or system to use to get out of the quagmire. Excercises, mecanisms....everything.

The same as with my previous article, this one starts with an anecdote that appears to have nothing to do with it, but as a result is the detonator for what is to follow:

I was in the house of some friends on New Years Eve, in the gap between the abundant quantity of starters and the main dish, I saw my friend light a cigarette. Thinking that he had given up smoking some months before, I asked him if he had returned to the world of the smokers. His answer was direct and took me completely by surprise - "Once a smoker always a smoker".

These words in my head caused me to journey back some months in time, to one of my everyday practice sessions.

Some years back when I finished my official studies and, by good luck or bad, my professional life had presented me with many ups and downs. Equally so in periods of alot of work as in periods without, the common factor was the sensation that I must continue advancing on my own, so as not to become stuck in the mud. I started to practice a contemporary work that I had always wanted to play, but had always been put off by it's extreme difficultness. I am talking about the "Concerto Breve" by Juan José Colomer. I am sure that many trombonists that are reading this article will have heard about the piece or indeed played it. It's diabolic; in registers that go from bottom E to the highest register. The work begins with a brief rhythmic introduction which ends on a low E and Fortissisimo. I discovered to my great surprise that the first time I went for that low note, the air air stayed in my lungs and I was unable to expel it. A shiver ran through my body and, for a split second ghosts from the past returned to me and I remembered my period as a "Dystonic". En a few seconds I came to my senses and knew how to control the situation.

I noticed straight away that the motive behind the inability to expel the air on this particular note was because of the insecurity caused by the lack of control in that register. This lack of control made me try to position the embouchure in an unnatural way in order that the note should sound, I spent too much time positioning it, and as a consequence it blocked. In order that I didn't repeat the same sensation, i had to admit that the priority was the rhythm of the breathtaking and that it shouldn't have changed.(more than the importance that the note should sound). Release the air having breathed in in the correct rhythm with the upbeat. In this way I found the solution to playing this passage. I practiced it in such a way that the air couldn't stop even though many times I ran the risk that the note wouldn't sound. This method cost me much more time, but I managed to achieve to play the passage in a much more secure fashion acknowledging that the central pillar to achieving success was the control of the air column. Control over myself. Control of the internal rhythm.

I remember the words of my friend "one can never stop being a smoker", it's a prison sentence, but it's also untrue. If it was true, to overcome it would be a myth. When one has overcome something, it's because one has adquired the tools for doing it and this makes us unbelievably strong. What we achieve is not the disappearance of the problemas, doubts or setbacks...what we achieve is to confront them using the knowledge we have obtained.

I wish 12 years ago I would have had the knowledge that I have now, but being honest, the knowledge I have now is because of what happened 12 years ago. Many people have asked me how I overcame the problem but very few have asked me how I started to work on it. How I directed the rudder to overcome it.

I could say it was difficult to distinguish when this moment was, but the truth is I can clearly remember when this important moment was in my story. This moment was in a summer course in 2002 at the height of my "illness". I was at this point in time starting to work on the Konzertino de "David", this torment that so many trombonists have to suffer on a daily basis.

As is normal, I felt the usual nerves that one experiences when starting to play for a new, unknown teacher. I put myself in front of the music stand and, in the silence that follows the moment when the teacher gives you permission to start to play and the intake of that first breath, I felt my heart banging violently in my chest. I took as much air in as I could and in the moment when I tried to blow, this sensation of vertigo so typical of someone who has lost control of himself came to me. I was petrified and as a result not a single sound came forth from the bell of my instrument. My whole body shook and I tried to solve the problem by various attempts to play the first note that resulted in a musical "fart" rather then any kind of sound. The teacher appeared very calm and not at all surprised. Frustrated, I put the trombone down and stayed looking at him disconsolately to which, after a sigh, he asked me to tell him what type of upbeat breath was I taking to start playing. I remained astonished by the question and didn't answer, staring at the music with an evident look of bewildement on my face. The teacher asked again in what type of upbeat was I thinking as my breath and that I should try to "sol-fa" it with my arm.

Confused, I started to "sol-fa" the 4 by 4 and (as far as I can remember) I started to breath to this rhythm between the second and third beat and and then began to sing the beginning of the concerto in a rather timid fashion. This man stopped me to say to me that he didn't want me to sing, but that he wanted me to breathe with an upbeat of a crotchet and blow articulating the sound "TA". And their I was during quite a number of minutes of the class, doing "sol-fa" like a child of ten years old and blowing. I can't explain to you the humiliation that I felt during those minutes. Straight after, when he was satisfied with my breath he asked me to take the mouthpiece. I thought it was a joke. He asked me to continue doing the same but with the mouthpiece, 1-2-3 breathe and "TA". and I repeated and repeated and repeated. During this time I felt like crying. I couldn't believe that any teacher would want to torture me in this way. When he appeared to become tired to see my suffering, blowing on the mouthpiece, he said it was time to to make it vibrate. The process was to be the same, rhythm, upbeat and "TA". This time their would be vibration...but without thinking about any particular note, he told me simply to mantain my concentration of the rhythm of the breathing and articulation. Suprisingly something went "click" and for the first time in a long time I was able to to play a note (albeit only with the mouthpiece). Very good (I thought), but I still had to pass over the enormous abyss and start doing the same with the trombone and, quite frankly, I didn't think it was going to work. After this, and just as I thought the moment had arrived to finally play the trombone, he told me we were going to sing. My patience was coming to an end, but I decided to put up with it and try and work out where all this was leading to.

I did as I was told to do, and sang (with rhythm and articulating "TA") the first Eb of David. The face of the teacher was a complete picture. I didn't blame him, it couldn't have been more out of tune. He said to me without mincing his words that if I didn't improve dramatically my pitching I would never overcome the problem. (in those moments nothing else other than "what the hell did singing have to do with playing the trombone"). He gave me a correct reference for the Eb and, after various attempts, found the correct pitch. I was repeating the singing for a number of minutes which to me seemed eternal. Arriving at the point when my rage was eating me from the inside, he said that it was now sufficient. I prayed that this hell was going to end as soon as possible so I could leave and throw my trombone over the nearest cliff. He told me to take the mouthpiece once again and I thought he was going to ask me to blow it again, but no, he asked me to do the vibration excercise once more(with rhythmic upbeat and the same articulation as before) but this time pitching the Eb at the same time. I was trying this for some 10 minutes, I am sure. In the moments that the teacher saw me delaying he helped me with the rhythm by snapping his fingers. Finally I managed to do it and to show me it was not by luck, the teacher asked me to repeat the same process various times.

Finally the fateful moment arrived to try it on the trombone. He said to me, simply and calmly, " play the first Eb but thinking about the rhythm and the correct upbeat". The same as the first attempts at the previous excercises I messed up. I tried again to play but he stopped me and he said to me I had to go back and repeat the whole process from the beginning...I felt like smashing the trombone over his head.

I can't remember exactly how many times it took me, but finally I did it.

I can't express to you the euphoric feeling I sensed on accomplishing it, for the first time in many months, to play a note without losing control of my embouchure, and more than that, without splattering the note all over the wall. That Eb came out freely and purely like mountain water flowing from a stream. I felt for the first time in a long time the sensation to have freed myself from the shackles that had been suffocating my soul. On seeing my face, he looked at me with a serious expression and the words that came forth from his mouth I will never forget.

"....Rubén, you have now got a very hard perioid ahead of you, and you must take an important decision. Do things in the correct way or forget playing the trombone, because to carry on suffering like you have been doing makes no sense. Don't think that because you have managed to play this first Eb the problems have gone away. You have months and months ahead of you of re-educating with good habits in order to tackle the problem from the roots. Basic technical things that you thought you had already mastered after many years of studying the trombone.... (the mechanics of correct breathing to dominate the air column, a huge amount of singing excercises to improve your inner pitching....), It's going to be hard, but not impossible..."

Indeed, it was far from easy. As we all have selective memories, I almost fooled myself with the amount of time it took me to overcome the problem. While I am writing this article and in my continual documentation of this theme, many memories have come back to me that I thought were lost that confirm to me that the recuperation process was much longer than I originally thought.

It was a period of many comings and goings. Their were many mornings when having worked the mechanics learnt on the course, everything began to flow and consequently I thought the problem was solved. On other mornings I woke and I couldn't make head nor tail of anything to such a point that on many occasions I thought my musical career had come to an end. On other days, as if I had just finished reading a self-help book, I thought that if I confronted my studies with total determination and confidence in myself with the mentality that everything was going fine, everything would be fine. Their were times when the problem would have appeared to have disappeared and, to my surprise, only reappeared in a particular register or a particular note. Their were also occasions when, for example, when I was playing in the conservatoire orchestra and it was the conductor that brought me in I had no difficulty in producing the note. Their were periods when I really thought I had overcome the problem by pressing the trigger simultaneously at the beginning of the note and even stamping on the floor with my foot when starting to play. During another period I was playing the first notes only by blowing and not tonguing the note. I was just sweeping the problem under the carpet, a problem that inevitably was going to come back and much worse, for this reason I obliged myself to return to the breathing and rhythmic excercises from before.

In any case, my emotional state with the trombone during those days was determined by how I was playing the first note, which now, looking back, was a complete stupidity.

Looking in perspective at the years that I went on the said summer course, I realise the problem didn't just disappear just like that, but began to disappear little by little as the result of persevering with the plan that the above mentioned teacher spoke to me about. Of course, I couldn't do it on my own, I had to confront the abyss of confiding in somebody who knew, or to be completely sincere, intuitively realise that that person knew how to help me.

Today, while I am sitting in front of my computer, I am more conscious than ever that if I had not taken into account everything that I had been learning over these years, I could easily have returned to developing dystonia.

I once read a phrase that said their is a big difference between knowing the name of something and knowing about something. Having been dystonic once before has caused me to look profoundly into the subject and constantly document my findings. Curiously, the sources have not always been very clear. Their is all kinds of information out there and the majority of times it is tremendously dramatised and on many occasions contradictory when compared together....En the last few months I have been able to access scientifically proven material, and most importantly: I have got to know, without a doubt, a complete expert on the subject, Doctor Joaquín Farias.

Joaquín Farias is a doctor in Biomechanics, specialist in dystonic neuropsychological rehabilitation, ergonomics, psychosociology, musician and teacher.

I have spent many years looking for answers, starting with the actual definition of Focal Dystonia.

According to Doctor Farias, "....focal dystonia for a musician is a movement disorder characterised by a loss of voluntary motor control in similar movements...." (Source: Training and neuroplasticity.

Rehabilitation from dystonias, a new look. Joaquin Farias)

"...we are talking about a disfuctional reponse to a determined stimulus. Like a selective amnesia of certain movements or actions that before were realised with total normality..."

(Interview with the Doctor on the program "Casa Club" on Canal +)

So, it would seem that focal dystonia happens when one loses one's own control of movements or actions that before one could do with ease or, at least, it didn´t cause mental blocks or spasms doing it. This in itself gave me many answers to questions that I had already asked myself, like for example, If what I was suffering really was dystonia. Yes, without a doubt, yes. Now I can unblock this godforsaken word and say it openly without fear. I was dystonic.

The next question I had always wanted to find the answer to was, Can any musician suffer from dystonia? Well it would seem that not only any musician but any person can, golfers, table tennis players, long distance runners, guitarists, cellists, singers, surgeons, trombonists, housewives, a priest.... How is it possible? The answer lies in an ability we have that we call "neuroplasticity". This rather confusing word simply means that our neurones and neurological circuits have the ability to constantly change and create new connections and circuits. We are talking about our capacity to learn and adapt ourselves to the situations in which we find ourselves, our own capacity to grow as a human being.

As the doctor said, our brain keeps creating new neuronal connections at the same time as we learn new things and it stores them. On top of this, our brain has a way of functioning "saving mode" a bit like our mobile phones.

Our brain tends to mechanise or automise certain basic daily movements to save energy and therefore make our lives easier. Changing gears, walking, cleaning our teeth, stirring our coffee, write a message with our thumbs on a Smartphone... and in the musical world, how many of these movements can be considered almost automatic? Scales, arpeggios, intervals... hours and hours of repetitive movements that we end up doing almost without thinking because our brain goes into standby mode. On the other hand, the learning mode and concentration of our brain consumes a huge quantity, and the older we get our capacity to maintain this concentration becomes less and less. It has less plasticity. I think this is something to take into account.

So how do these focal dystonias begin to appear?

It's an error to interprete information about certain movements that we have been doing for a long time. This is important to understand: dystonias can only be suffered by someone that has been repeating a certain action or movement over a long period of time, one cannot consider dystonia to be a problem caused by practicing something recently and over a short period of time.... For example, a professional golfer who before could get 80 out of a 100 holes and suddenly his average drops to 10 out of 100, it's very probable he is suffering from dystonia. A trombonist that has never had a problem in attacking notes cleanly starts to fudge them, probably he is suffering from dystonia. A pianist who's right hand was able to play semiquaver scales at 200 and now can't because he is unable to control his hand, this, probably is dystonia.

According to Doctor Farias, everything starts with an uncomfortable feeling. This uncomfortable feeling will make us think that we are doing some particular movements badly (in many cases it is not the actual movement that is wrong but our way of perceiving it) and, therefore, we try and correct it. this correcting movement is called compensation. these compensating movements are what derive or create the tension that, accentuating it, bring on the blocking, shaking or spasms.

Following on from this, an example (Training and neuroplasticity. Rehabilitation from dystonias, a new focus. Joaquin Farias http://focaldystonia.net/).

It's the case of a girl who suffered from "writers cramp". She tried to write a frase and the letters at certain moments would get very big and irregular. Their was one detail that especially attracted attention. She was completely unable to write letters that had a straight, downwards stroke (j,l,f,g...). With this in mind Doctor Farias was able to find out certain things about her past. The girl in question, at a very early age demonstrated a very much higher intelligence than the average in her class. At 5 years old she was writing very well and the teacher thought it would be a good idea to better her handwriting by giving her excercises whereby she had to repeat the same letter over and over again. That is to say, a whole page repeating the letter a, another with the letter b, continuing the excercise in this way. For whatever motive, the girl became very fond of the letter s and would spend all her time writing it. It was here where the mistake was made. The girl, at the end of the school course, started

to have writing problems. The problem became so serious that, now coming into adolescence, she could only write with the right hand by supporting it with the left at the same time.

Our brain is so strong, that with an automatic movement as in writing the letter s during a long period of time, produces a rigid response when we try to draw something that does not contain the shape of the s.

The brain acts against our own voluntary actions in these cases. Could this be an answer to the beginnings of what happens to musicians? I am convinced that yes, it is. I have thought it useful to use this example because it is without doubt, a good example of what us musicians also do: repetitive movements over long periods of time.

And now we move on to the third question. Is dystonia a disease?

NO. they are not ill. It's simply an error of interpretation made by our brain and also, completely reversible.

Which leads more on to the following, It's psychological or neurological? Not one thing or the other. The two things together. It's not possible to divide the mind in two parts, it's all the same. It's a biomechanical disorder with a strong presence of emotional or pyschosocial feelings.

Is what happened my fault? Yes and no. It's quite clear that my actions, directly or indirectly, caused me to suffer from dystonia. I don't believe that I suffered from it as a result of doing things badly, but because of a lack of information and a healthy study routine.

According to Einstein, madness is repeating the same thing over and over again waiting for different results. This phrase needs to be looked at carefully, because us musicians we need to repeat things many times in order to control the technical aspects of our instruments. But with a limit that should be very clear, their is a very fine line between repeating something to better it and repeating something in an automatic way, simply for the sake of repeating it. A very fine line between responsible daily practice and an obsession.

Of course we have certain limits when it comes to learning (plasticity) and that, the best way to advance is to work on different things. I have had close experiences with students that have spent a whole course studying the same piece, excercise, certain studies and they wait for something to happen.

The fact is that at a certain point, it's impossible to exceed our own abilities at one particular moment ( we have sown the seeds well, but must wait for the harvest.)

There is one important thing you need to know while going through the dystonia recuperation process. You will suffer from different emotional phases during the process, the first, the feeling that you will never get out of this. Yes it is possible; another typical feeling having started the recuperation is that, when you start doing the first excercises you will feel hugely uncomfortable which may bring you to believe you are doing everything wrong, and finally you may feel sensations of guilt and anger towards yourself.

Don't be overcome by these feelings, they are completely normal. It's also normal to think I will stay as I am so as not to make things worse, in this way, they can only get worse on their own. It's possible that some of you have already tried some time ago and it ndidn't work, but this does not mean that if you try

it again now it again won't work. To re-educate the brain produces anxiety, for this reason you must be prepared for this.

Others, generally speaking the perfectionists, normally think that if one doesn't do it correctly the first time, it's best not to try...a big mistake. One must try, and many times.

The most important thing for me, because it means the first true step has been made, is to admit that I am not ill, but I have problems. It doesn't matter, it's not a crime. Everyone, absolutely everyone of us is vulnerable and I would like to say that the number of musicians(to not talk about other professions) that suffer or have suffered with this is extremely high. The lack of knowledge, lethargy, fear, often hides "the forbidden word", but it would still exist.

Do I have less talent than someone that hasn't suffered distonia? No, no and no again. And that's not just an opinion but a scientific fact. The fact of suffering from focal dystonia is closely connected to extreme plasticity, that is to say, to a great capacity for learning and storing that information. By the way, and although it's best not to go around shouting this, we are no lesser and never have been than anyone else. We have suffered dystonia because we are people and because, just like any other person, we find ourself with difficulties put in our path.

These difficulties are oportunities to grow and not to give up. It's going to be hard, but not impossible. You are going to feel beaten at times, but it's your choice to continue forward. You will feel you are doing the ridiculous at times, but only because you see yourself in the mirror of prejudices.

To re-educate the mind is, probably, the most difficult of things and at the same time enriching to he whom can confront it, and I beckon you to start the journey.

If to me, in the hardest moments of the whole process, anyone would have said to me that in my career i would play with orchestras, soloists and conductors of international standing, that I would have incredible musical experiences and above all, that I would feel that I was a trombonist, in every sense of the word and from head to toe, without doubt, I would have laughed at them. We never know to what limits we are able to go. Evidently, it's very probable that we will not be able to take this journey on our own. One must look for the company of a good teacher, and let's not make mistakes; a good teacher is not necessarily the most prostigious, but is the one that offers his knowledge in the most sincere and honest way possible. A good teacher is not he that is basks in the glory of the very important concerts that he plays, but is the one that makes you enjoy yours. A good teacher is not the one that tells you exactly what to do, but is the one that guides you on the road to your own self discovery.

A great teacher is Carlos Gil Ferrer, and this is my way to say to you thank you for the best present that one could give to a pupil.

Honesty.

All rights reserved.

Bibliography:

Training and Neuroplasticity. Rehabilitation from dystonia, a new focus.

2 comentarios:

Bravo Ruben. Enhorabuena por pensar como piensas y por escribir tan sinceramente. Artículos así son más necesarios de lo que nos pensamos y sin duda,ayudan a mucha gente. Bonito homenaje. ¡Eres un crack!

Publicar un comentario

Google-Translate-Chinese Google-Translate-Spanish to French Google-Translate-Spanish to German Google-Translate-Spanish to Japanese Google-Translate-Spanish to English Google-Translate-Spanish to Russian Google-Translate-Spanish to Portuguese

Próximamente Radio-RET